miércoles, 6 de mayo de 2026

BOSQUE Y RAIZ

 

Bosque / Raíz.

Redes, tramas vitales. 


Hay una memoria que no se ve, pero sostiene.
Una trama silenciosa que conecta lo que parece separado.

Esta muestra propone detenernos en ese entramado:
la raíz que se expande bajo tierra y el bosque que se eleva hacia la luz.
Dos dimensiones de una misma vida en relación.

Las obras de Victoria Mataran y Myriam Díaz construyen una poética donde lo biológico y lo humano se entrelazan, poniendo en tensión lo individual y lo colectivo, lo visible y lo invisible.
Pensar el bosque es también pensarnos:

como cuerpos situados, como parte de redes que nos atraviesan y nos constituyen.

 Artistas: Victoria Mataran y Myriam Díaz

  

Fue un Encuentro de Amigas muy particular, el público que se acercó al Museo comenzó observando con atención las obras, pero también había mucha necesidad de escuchar a las artistas, saber sus respuestas. Las que Myriam y Victoria nos iban a relatar.

Comienzan leyendo sus propias vivencias Myriam con las Raíces, Victoria con el Bosque. Escuchar. Escuchar el Bosque. Escuchar las Raíces. Escuchar la Naturaleza. Escuchar lo Profundo. Escuchar La Vida.

 
 


Raíces, infancia y territorio interior

Neutralizar no es borrar,
es suspender el ruido para que algo más profundo respire.
El ser humano habita en capas:
memoria, cuerpo, territorio.
Un árbol crece sin apuro,
pero no sin historia.
Sus raíces no solo buscan agua:
buscan tiempo.
Se enredan en la infancia,
en los primeros gestos,
en la tierra húmeda de lo que fuimos
cuando todavía no sabíamos nombrarnos.
Ahí, entre raíces,
también se construye la identidad.
El Ser humano, tal vez, aprende a reconocerse en lo que no controla:
la expansión de una rama, la persistencia de una sombra,
la belleza que no pide permiso para existir.
¿En qué momento dejamos de ser árbol?
¿O nunca dejamos de serlo?
Neutralizar es volver a ese punto
donde no hay exceso de forma ni de sentido,
donde el dibujo no representa
sino que respira.
Y entonces aparecen las preguntas:
El público que habita la sala comienza  plantearse:
¿Cómo es trabajar con la naturaleza y sus procesos?
¿Se puede intervenir desde lo artístico sin romper ese equilibrio?
¿Hay vivencias previas que empujan esta búsqueda?
Tal vez la respuesta no esté en el hacer,
sino en el escuchar.
En el caso de Miryam Diaz, antes del trazo
está la experiencia de haber sido raíz.
Habitar el bosque, la naturaleza agreste, convivir con lo invisible.
Estar frente a la naturaleza, no es entrar,
es dejar que ella nos habite que se corporice como identidad.
Hay presencias que no tienen forma,
no todas buscan ser vistas.
Algunas son memoria,
otras son miedo,
otras simplemente observan.

El misterio de la naturaleza, aparece en la obra de la artista, se apropia de su proceso creador, la contiene, la resguarda. En ese cuidado aparecen visiones, esas que quizás la artista creía no recordar.
Su obra transmite experiencias que se creían olvidadas, sobre un territorio que forma parte de ese universo que es la naturaleza, la que es autónoma y no nos pertenece,
Ella relata en sus pinturas ese universo que puede existir
sin necesidad de ser explicado.
Allí, en esa tierra
el ser humano es pequeño
pero intensamente vivo.
Respira distinto,
mira distinto,
duda distinto.
¿Dónde empieza el cuerpo
y dónde termina el paisaje?
El arte aparece como una forma de traducir
lo intraducible.
Después que la artista relata sus experiencias, comienza las preguntas:
¿Cómo es trabajar la naturaleza?
¿Se la representa o se la habita?
¿El proceso es control o entrega?
Primero la imagen se apodera de Myriam,  sus bocetos y sus preguntas que quedan abiertas.
La pintura aparece
no como resultado,
sino como territorio.
Pintar es entrar en ese gran mapa que contiene la naturaleza. Experimentar sobre esa cartografía, es aceptar que algo va a suceder
aunque no sepa en ese instante que puede pasar.
Y en ese gesto,
entre color y silencio,
ella vuelve a encontrarse
con lo que siempre estuvo ahí:
lo invisible,
lo esencial,
lo que no necesita ser explicado
para existir.

 

En la penumbra de su voz, el bosque vuelve a crecer.

La artista respira antes de hablar, y en ese gesto mínimo, esencial, inaugura un territorio.

 Nos relata que llegó al bosque para aprender a respirar en la naturaleza. Entre troncos que crujen, memorias antiguas, su cuerpo comienza a escuchar, así comenzó su descripción.

Victoria Mataran, nos cuenta que habitar el bosque no es instalarse, es ser lentamente desarmada.

El público observa su obra y paralelamente su relato.

Hay un silencio espeso, casi vegetal, como si las palabras también necesitaran enraizarse antes de nacer.

Habla de los fantasmas, pero no los nombra con miedo, sino con familiaridad. Son presencias que no exigen forma. A veces son una vibración en la piel. Son memorias del territorio, restos de otras vidas, o quizás proyecciones del propio cuerpo, cuando se enfrenta a la oscuridad sin mediaciones.

La oscuridad allí no es ausencia: es materia.

Habitar su cuerpo en el bosque de noche fue, al principio, un ejercicio de pérdida. La vista se retira, el oído se expande, la piel aprende a mirar. Las estrellas no están arriba, están en todas partes. Se filtran entre las hojas, se multiplican en los ojos abiertos, se alojan en el pecho como pequeñas pulsaciones de tiempo.

Las noches son largas, pero no vacías, están hechas de cantos intermitentes, de ramas que se mueven sin viento, de respiraciones que no siempre sabe si son propias. El misterio no es algo que se descifra: es algo que se acepta como compañía.

Alguien del público pregunta si tuvo miedo.

Ella sonríe y contesta: El miedo fue un idioma necesario, al principio gritaba, luego susurraba, y finalmente aprendió a escuchar lo que el miedo quería decirle. Porque el bosque no la amenaza: la revela, la tranquiliza, allí encuentra paz.

Habla entonces de la cartografía del paisaje.

Nos revela que no es una cartografía de caminos, sino de intensidades. Hay zonas donde el cuerpo se contrae, otras donde se expande. Lugares donde el pensamiento se apaga y otros donde arde. Su mapa no se dibuja con líneas, sino con experiencias: una piedra donde lloró, un claro donde dejó de pensar, un árbol donde apoyó la espalda y sintió que alguien más respiraba con ella.

El bosque no es un afuera, es una forma de entrar.

Otra pregunta surge: ¿cómo se vuelve obra todo eso?


Ella hace una pausa, más larga. Como si esa pregunta no pudiera responderse sin traicionar algo.

Dice que la escritura viene antes, pero no como explicación, como una necesidad. Un modo de acercarse sin empezar a concretar la imagen visual. En su relato al publico me lleva a pensar que escribe para perderse en el lenguaje, para abrir figuras donde luego la imagen pueda filtrarse a partir de la poética de sus palabras.

Sus dibujos no ilustran la experiencia: la persiguen.

Cuando finalmente pinta, ya no busca representar el bosque. Busca sostener el eco que quedó en el cuerpo. La línea no es un contorno, es un rastro.

Dice que lo poético no está en lo que hace, sino en cómo algo persiste en ser visible.

El público anota, pregunta, vuelve sobre lo mismo con distintas palabras. Quieren entender cómo es pasar una noche entera ahí. Qué se siente? Hay respuestas? Hay una transformación concreta?

Ella escucha con atención, con una paciencia que parece haber aprendido de los árboles.

Dice que hay preguntas que el bosque no responde porque no están hechas para ser respondidas.

Y que quizás la obra nace exactamente en ese lugar: donde la intriga no se resuelve, donde el misterio no se disuelve, donde el lenguaje se queda corto y sin embargo insiste.

La charla termina, pero algo queda suspendido.

Como si el bosque, de alguna manera, también hubiera estado ahí, escuchando.




            

viernes, 10 de abril de 2026

¿Cuál es la Materia que Significa?

El miércoles primero de abril se realizó el 2do Encuentro de Amigas de este 2026, en el Museo de la Mujer. Se desarrolló en el marco de la muestra: ¿Cuál es la Materia que Significa? 

El encuentro transitó entre el relato de las dos artistas, Teresa Liberati,  Ana Schmidt y el curador de la exposición  Federico de La Puente. 


La artista Teresa Liberati y el curador son argentinos, pero viven en un país hermano, Ana Schmidt,  reside aquí, en la Argentina. 

La cartografía conceptual que conforma la obra, habitó y se generó en diferentes hábitat. La pantalla encendida de la computadora, oficiaba cada semana, como un telar suspendido entre dos territorios. Argentina y Brasil. La distancia no se percibía como tal, sino como ritmos distintos de una misma pregunta: ¿Cómo hacer visible aquello que no se deja atrapar?

Las artistas hablaban de sus obras como quien rodea un secreto. No lo decían todo; lo insinuaban. Una de ellas mostraba los hilos que construían   cada puntada, cada frase heredadas. Mandatos que alguna vez fueron susurrados en la intimidad de una casa, y que ahora aparecían bordados, tensos, expuestos. Cada palabra cosida parecía pesar más que el hilo. Como si al fijarla en la tela, también se fijara en el cuerpo.

La otra artista nos  habla de formas más abiertas, de procesos menos obedientes, vinculados a la naturaleza. A dejar que el material diga todo, que se desborde, que encuentre su propia lógica. Hay en su hacer la necesidad de una escucha.

Entre ellas, el curador intervenía con preguntas, más que con respuestas. ¿Qué significa trabajar con lo que no se puede nombrar del todo? ¿Cómo sería el montaje de una obra que no busca cerrar sino abrir? 

Así trabajaron para llevar a cabo esta muestra en Argentina, durante un año.

En cada encuentro semanal las artistas y Federico su curador, compartían, conceptos, frases, texturas. Todo se iba sincronizando. Así lo manifestaron Teresa, Ana y Federico en la conversación que transcurrió en el Museo.


Estos relatos, acerca de los conceptos y forma de trabajo, ocuparon la escena del encuentro, conformaron una amigable charla entre sus protagonistas y el público presente.

Se hizo hincapié  en el significado e identidad del arte textil y su vinculación con lo femenino. 

Hace apenas unas décadas, el arte textil era considerado un oficio doméstico, ligado a lo femenino a un ejercicio artesanal, el que las mujeres realizaban en sus casas de manera oculta. De ese lugar de encierro hoy pasaron a abordarlo como una disciplina artística. 


El arte textil hoy ocupa un lugar central dentro del arte contemporáneo.  Ese tránsito se fue manifestando en la charla y a nuestro criterio responde a una relectura del tejido, del bordado, de la fibra y de la materialidad misma, en la que observamos como el  lenguaje comunica identidad, memoria, política, cuerpo y territorio. Todos estos conceptos aparecieron en ese diálogo entre las artistas y el público presente.


 Ese día, cuando hablamos de arte textil nos referimos a un campo en plena expansión, en el que conviven tradición, experimentación y una investigación formal profunda. un pequeño ajuste en la trama invisible que hace posible la muestra.

Las artistas manifestaron que tenían dudas sobre el espacio donde expondrían esta exposición, la que venían trabajando  durante un año.

Esto implicaba problematizar sobre la relación entre las piezas, sobre cuánto decir y cuánto callar. Pero en esa incertidumbre también se reconocía una certeza: no estaban produciendo objetos, sino formas de estar en el mundo.

El hacer a la distancia y el presente en el encuentro se mezclaba en la charla. En ella aparecía el pasado conceptual y su construcción a distancia y por otro lado la inauguración y las subjetividades de cada persona que visitaba la muestra.





domingo, 29 de marzo de 2026

ABOLICIONISMO ES FEMINISMO

 ABOLICIONISMO ES FEMINISMO, muestra del 20 de febrero al 25 de marzo de 2026.

Muestra Histórica

Exponen pancartas textiles: Soledad Saharian - Romina Cáceres - Diana Coppola - Alba Cuellar Murillo - Magalí Pedrozo - Andrea Galante - María Marcela Ahumada - Claudia Trapani - Adriana Henin - Natalia Cinqualbrez 


Coordinación de taller: Emilia Demichelis

Curaduría: Graciela Tejero 

El Encuentro Entre Amigas, empezó como empiezan algunas obras textiles: en silencio, con hilos tensos que no se nombran.

Las sillas estaban dispuestas en un gran círculo. Las pancartas producidas  nos miraban desde una de las paredes, los  afiches nos rodeaban recordándonos la lucha feminista contra de tanto sometimiento a la explotación sexual y reproductiva de las mujeres, mientras el video nos arrullaba las voces de las sobrevivientes. Flotaba en el aire, como una aguja suspendida: El Abolicionismo es Feminismo. 

Las sillas se llenaron de Amigas. Nos presentamos, presentamos la muestra, presentamos a Emilia Demicheli coordinadora del taller de pancartas Abolicionistas con arte textil quien habló del proyecto y le dio voces a las talleristas presente.

Romina buscó  en la historia medieval cotidiana de las mujeres trabajadoras y en especial las tejedoras de encajes que recibían menor paga por su trabajo porque el resto lo podían completar con prostitución. 

Soledad segura quiso visualizar al potencial putero de la sociedad actual y lo menciona uno a uno, poniendo en evidencia que puede ser cualquier varón cercano o no. 
A Adriana el trabajo la sumergió en la conciencia del abolicionismo,  le cambio la visión de la mujer prostituida. No era una elección era opresión y esclavitud.
El grupo de Diana y Alba se preocuparon de señalar al putero, tu eres.
 La muestra de arte textil y las experiencias de las talleristas, había sido el disparador, las palabras mas crueles estaban allí, en esas telas. Las obras no gritaban, Insistían en la repetición, en la resistencia, en declamar el dolor.

Entonces la charla dejó de ser charla y se volvió otra cosa: una especie de tejido colectivo donde cada testimonio era un nudo. No un nudo que ata, sino uno que evita que el hilo se deshaga. Algunas mujeres hablaban desde la experiencia directa. Otras desde la escucha, otras desde la impotencia de un Estado ausente. Y todas, de una manera u otra, desde la necesidad de que lo que duele deje de ser invisible. Rescataron una y otra vez los testimonios de las sobrevivientes de prostitución y trata. EstadoProxeneta-Prostitución-Trata-Putero-Pornografía-Vulnerabilidad-Pobreza-Sometimiento-Vientres.de.Alquiler-AbusoInfantil


Un paño negro y un texto bordado en color rojo, que decía: La prostitución  no se ejerce se padece. Nos recordó una vez más que PROSTITUIR es VIOLENCIA

Allí había emoción, pero también había algo más difícil de nombrar: una sensación de urgencia, de pedido de auxilio. Allí entendimos que el tiempo de la charla era demasiado corto para lo que se estaba intentando decir. Como si cada mujer estuviera hablando no solo por ella, sino por otras que no estaban ahí, por otras que todavía no podían hablar.

Cuando llegó el momento de cerrar el encuentro, nadie se levantó enseguida, miraban las obras textiles, otra vez, como si recién entonces entendieran lo que estaban viendo: duros testimonios,  silenciosos, crueles.

El tiempo nos decía que el encuentro estaba llegando a su fin. Tuvimos que comenzar a darle cuerpo a un cierre. Pero lo que realmente quedó flotando fue lo que faltó decir.

Las mujeres no se fueron con la sensación de haber terminado una charla, sino con la certeza de que apenas habían empezado. Como si el hilo recién se hubiera enhebrado. Como si el tejido todavía estuviera incompleto. Como si cada una se hubiera llevado un pedazo del telar en la memoria.

Quedó pendiente la necesidad de seguir hablando, seguir nombrando, las heridas externas e internas.

La sala quedó casi vacía, pero no en silencio, esa tarde empezó un tejido que todavía está en curso.


Como cierre final un cierre escénico "ESTARÁ LOCA ESA MUJER", actriz Soledad Saharian. Teatro Callejero por Mujeres 

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martes, 16 de diciembre de 2025

FRANKESTEIN: Una Advertencia desde la Literatura



FRANKESTEIN: Una Advertencia desde la Literatura

Producción: Arquitecta Diana Coppola


La muestra constituyo un gran impacto que estuvo presente en toda la tertulia.

Todas las amigas con ganas de hablar y poner fuera de sí las preguntas y el develo de realidades de hoy que han sido interpeladas por la muestra.

Lo primero que nos advierte Diana es que se trata de una instalación colaborativa, la producción de salón, la síntesis analítica, la performance, el conversatorio sobre Bioética y el video de Amanda. Todas y cada una de las partes se unen en un todo que dan cuenta de la monstruosidad en general y en particular la ejercida sobre las mujeres. 

Arrancamos el Encuentro entre Amigas con una pregunta sencilla a Diana sobre cómo llego  a pensar la muestra, nos cuenta que tuvo una segunda lectura, más detenida, más profunda, más lenta y que la acercaron  a interrogantes y resultados que atraviesan a la sociedad actual en especial a las mujeres.

El estallido de intervenciones, preguntas y respuestas entre las amigas presentes fue arrollador. Evidentemente, esta obra, desde la literatura pone en evidencia problemática actuales, problemáticas pendientes. Fue un pedido casi conjunto la recopilación de las placas escritas y montadas en las paredes.

Otras, asombradas ante la denuncia de Amanda, con referencia a mujeres que transicionaron a hombre donde ponen al descubierto la soledad, la violencia, la perdida de salud, la dolencia y el engaño originario y el abandono sufrido cuando plantean volver a su género.

Las operaciones estéticas fue un punto interesante. Usar la tecnología para amoldar a las personas a la sociedad, sin importar las consecuencias. En nombre de la tecnología y la ciencia se perfilan aberraciones, donde en muchos casos, como en lo referido a los vientre de alquiler, el cuerpo de la mujer es el oprimido, el saqueado, el puesto al servicio de otros.

Las intervenciones fueron desordenadas, lo que dan cuenta de la necesidad de tocar estos temas. La producción de sala, por si sola, ofrece los resortes, “no se debe patologizar” es el discurso social, pero todo ocurre en camilla, con medicación, con operaciones que son mutilaciones,  con el deseo de alguien por encima de las vidas ajenas, casi siempre vidas de mujeres, niñas, niños, adolescentes.

Diana contrasta, lo que se ve en el espejo. La fragmentación. La imagen que la sociedad de consumo califica o descalifica y en un paso genial, Diana nos interpela, nuestro cerebro es un rompecabezas que se va armando con piezas que se modifican, constante y dialécticamente con el contexto obligándolo cada vez a reconfigurarse.


Diana nos preguntó “¿Quién es el monstruo?” Victor, el creador. Respondimos.  Ese es el monstruo. La criatura que siquiera  tiene nombre, es la víctima. Diana nos interpela, nuestro cerebro es un rompecabezas que se va armando con piezas que se modifican, constante y dialécticamente con el contexto obligándolo cada vez a reconfigurarse.

.¿Quién es el monstruo?




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Frankestein: una adverencia desde la literatura



Destransicionadores en el mundo-Presentación AMANDA en ICOMEM









Entrevista a Diana Coppola Graciela Tejero Coni y Marcela Robbio








jueves, 27 de noviembre de 2025

DESHACER LA AUSENCIA: CRÓNICAS DE UN DEVENIR



DESHACER  LA AUSENCIA: CRÓNICAS DE UN DEVENIR

Artistas: Adriana Sibio y Ester Szlit

Curadora: Arieta Naftal


POÉTICAS TEXTILES


     En esta oportunidad el encuentro de amigas que realizamos en el marco de esta muestra, nos sacudió, pero también nos fortaleció. Hablar de la ausencia, nos conduce a la época más oscura de nuestro país, pero también nos lleva a pensar en la memoria selectiva de todo un pueblo.

     Pensemos la ausencia no como vacío, sino como fibra. Como un hilo deshilachado cuyo corte deja ver la estructura interna del tejido. En el campo de las artes visuales, en particular en la disciplina de lo textil,  la ausencia no se concibe como desaparición absoluta, sino como un intervalo visible, amado, un acto  que expone tanto la violencia del desgarramiento como la potencia de la reparación. Como sugiere Anni Albers  (1965), “toda tela es al mismo tiempo presencia de materia y memoria del gesto que la produjo”. Ese doble carácter nos permite pensar la desaparición de los cuerpos, de las narrativas, de presencias sociales, como una operación sobre la textura colectiva.

     En Argentina, donde la memoria de las desapariciones  entretejen nuevas formas de exclusión y violencia, la metáfora textil adquiere una densidad singular. Disolver la ausencia implica, entonces, comprenderla como un estado transitorio: una fibra suspendida que puede volver a anudarse. 

     Dentro del imaginario poético y artístico, la desaparición opera como un desgarro deliberado, una acción que arranca un fragmento del tejido social. Esta narrativa visual se materializa en una gran instalación en el centro de la sala.

     En la otra pared nos encontramos con una fuerte presencia de lo ausente, la que cobra presencia no solo en la corporalidad de esos cuellos de camisas sin cuerpos, sino también en su identidad. Donde su sombra potencia el relato, la  que opera como sujetos de esa  tela que alguna vez rozó una respiración, un nombre, un movimiento cotidiano, un abrazo, un llanto. Allí, donde el botón se funde en el ojal  queda suspendido el gesto mínimo de existir.

     Hay cuellos que quedaron sin cuerpo, con una narrativa interrumpida. En ellos se posa el silencio con una lealtad obstinada. Cada borde doblado es una página que nunca se terminó de escribirse; cada costura es la sombra de un nombre que ya no responde, pero está allí y dice presente.


     Esas sombras textiles, construidas entre la tela y la memoria, dibujan contra el muro la forma precaria de un alguien que falta. El algodón recuerda lo que la historia intenta olvidar: que un cuerpo es más que materia, es un espacio sostenido por el mundo.

     Así, el cuello cobra protagonismo, se vuelve  testigo de sí mismo. Es una  huella que arde y en ella  los nombres de los desaparecidos que vuelven a pronunciarse, no con voz, sino con la dignidad que le concede la tela, la que aún guarda su forma.

Este desgarro no pertenece únicamente al pasado: vuelve a activarse cada vez que una persona es sustraída del tejido social por prácticas de violencia institucional, precarización extrema o silencios inexplicables. La figura del desaparecido, en democracia, opera como un recordatorio de ese deshilachamiento que puede reanudarse en cualquier punto del paño colectivo, puede volver a cobrar fuerza, a resonar en cada espacio donde transitamos.

     La estética textil permite visualizar ese proceso con precisión: cada ausencia es un hueco que resuena, una tensión que no cesa de reclamar.

     Disolver la ausencia no significa borrarla: significa intervenirla. En términos textiles, disolver es modificar el espesor de una fibra, desatar un nudo, expandir un borde, permitir que lo velado emerja en gradaciones de luz. Las artistas han mostrado que la fragilidad, el hilo suelto y el gesto manual pueden funcionar como un lenguaje poético y real de nuestra historia. 

     En este sentido, la acción de coser, zurcir o bordar, puede comprenderse como un acto político de restitución simbólica. Cada puntada es una afirmación de continuidad frente a la fractura.

     Por otro lado, están  las mujeres de los comedores, las grandes  tejedoras de esos enormes territorios.

     En los márgenes urbanas, donde la trama social suele volverse más fina y vulnerable, las mujeres que sostienen estos espacios  comunitarios se convierten en verdaderas maestras del textil social. En sus prácticas cotidianas, preparar alimentos, organizan redes solidarias, constituyen una forma de tejido comunitario.

     Son las que resisten, las que trabajan todos los días sobre los bordes desgastados: anudan vínculos, zurcen carencias.

     Estas mujeres hacen de la presencia un oficio: su persistencia erosiona la ausencia, la transforma, la desactiva. Allí donde el Estado se retira y los huecos se multiplican, la labor de ellas  aparece como un bordado paciente, el que afirma que la comunidad sigue viva.

     Desde una perspectiva estética, el trabajo que realizan puede leerse como una instalación viva: una obra relacional que se despliega en el territorio, cuyo material principal es la vida compartida. El comedor es un telar colectivo. Cada gesto es una puntada. Cada plato servido, un hilo que evita que alguien quede por fuera de ese día.  

     Son ellas, las enormes  protagonistas de esta historia, las artistas visibilizan su labor porque saben que son las verdaderas heroínas las que resisten, quienes le otorgan sentido a ese territorio. Son las que rehacen  el tejido todas las mañanas, las que amasan un sueño y alimentan  la esperanza.


     En sus manos, la ausencia deja de ser un agujero definitivo para  convertirse en una zona fértil, donde es posible hilar un futuro en ese frío amanecer de cada día.


Albers, A. (1965). On Weaving. Wesleyan University Press.






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Entrevista a Adriana Sibio y Ester Szlit


DESHACER  LA AUSENCIA: CRÓNICAS DE UN DEVENIR


Compañeras del Comedor Las Guerreras


miércoles, 8 de octubre de 2025

"Inventarios, crónicas y mapas textiles"

 

"Inventarios, crónicas y mapas textiles"

 

El entusiasmo de Emilia, contagia. Con ella vamos mirando, espiando y descubriendo ese mundo que les permitió y permite a muchas mujeres armar sus existencias alrededor de las telas. Telas que tiene un valor que va más allá de lo funcional y práctico. Valor que se anuda con la creación, el arte, los sentimientos que puntada a puntada cosen la vida.

 Emilia recorre el acopio y la organización de los materiales textiles, como los llama. Materiales textiles que esperan pacientemente ser reutilizados en los talleres de modistas y las costureras del barrio. Barrio de Balvanera.

Materiales textiles que representan la vivencia,  la memoria, el trabajo y la identidad de quienes habitan esos espacios.

 Emilia nos habla de un reconocimiento a las trabajadoras textiles de Balvanera, que no es sólo un tributo, es una reflexión sobre el valor de los oficios, de lo que se guarda y de lo que se reutiliza.

 Emilia nos invita a ver con nuevos ojos esos objetos cotidianos y a entender que en las manos de una artesana, de una trabajadora, un simple retazo de tela es el registro de un recorrido histórico sobre los oficios  sobre el trabajo y la vida de las modistas y costureras.

       Emilia nos ha llevado fogosamente mostrándonos y, puntada a puntada se armo el iceberg de los retazos, de lo que queda. El iceberg que da cuenta de lo que no está presente, porque ese trozo nos dice que de él salió una manga o de aquel una solapa. Puntada a puntada cosen la vida,  a mano o a máquina con la paciencia, el arte y la constancia que sólo las mujeres, estas mujeres artesanas aplican.

Los hilos, las telas, agujas, trabajo, independencia, lucha. Historia de mujeres





Youtube Museo de la Mujer - "Inventarios, crónicas y mapas textiles"