SATURACIÓN HUMANA
texturas, desde lo visual, sobre qué le pasa a nuestra humanidad cuando la saturamos por absorber el mundo.
Durante la muestra de Luciana Ortega en el Museo de la Mujer se realizó un íntimo Encuentro de Amigas, donde la artista nos contó acerca de la intimidad de su espacio creador, ese impulso territorial que su obra habita entre la pintura y lo textil. Todo transcurrió en un clima muy agradable en el que Luciana concluyó con una hermosa charla, el público presente también se animó a preguntar, a ser parte de esa pulsión de vida que transmite su obra.
Sus producciones se sitúan en ese territorio incierto donde mirar deja de ser un acto pasivo y se convierte en un impulso espontáneo, activo.
Entre la acumulación de imágenes, colores, texturas y signos, la artista construye un espacio de percepción donde lo visual no se agota en lo que aparece ante nuestros ojos. Cada superficie parece registrar aquello que permanece, aquello que desborda los límites de lo visible. En ese campo de tensiones aparece también la silueta fragmentada del cuerpo de la artista: una presencia que no se ofrece de manera completa, sino que emerge entre capas, cortes y desplazamientos, como una figura atravesada por la propia experiencia de mirar.Pintura y materia textil se encuentran en un mismo campo sensible.
La pincelada, la trama, la mancha, el hilo, el gesto y la repetición construyen una gramática donde la materia funciona como memoria del cuerpo. En algunas texturas, la superficie parece imitar lo textil: reproduce su ritmo, su entramado y su capacidad de contener, aun cuando esté construida desde la pintura. Lo textil cose, une, contiene; pero también tensa, fragmenta y revela. La pintura, por su parte, se expande, invade, superpone capas y produce una experiencia de intensidad.
En estas obras, la saturación no es únicamente exceso. Es también un umbral: ese punto en el que la mirada ya no puede ordenar aquello que recibe y la sensibilidad comienza a elaborar otras formas de percepción.
¿Dónde termina el estímulo y dónde comienza la experiencia íntima?¿En qué momento una imagen se vuelve cuerpo?
¿Hasta dónde puede absorber una sensibilidad antes de desbordarse?
La artista trabaja precisamente en ese límite y deja abierta las respuestas para que la subjetividad de quien observa genere su propio relato visual .
Su producción no busca necesariamente resolver la tensión, sino habitarla. Acumular para luego encontrar una pausa. Saturar para hacer visible el vacío. Superponer para revelar. Repetir hasta que la repetición se transforme en otra cosa.
Entre el color y el silencio, entre la trama y la superficie, entre lo que se muestra y aquello que apenas se insinúa, las obras construyen un territorio de percepción inestable. La silueta fragmentada, apenas reconocible entre las texturas y las capas: un cuerpo que aparece y desaparece, que se integra a la materia y al mismo tiempo intenta separarse de ella.
Un territorio donde observar también es sentir.
Y donde la saturación, lejos de ser el final de la experiencia, puede convertirse en el lugar desde el cual comienza otra manera de mirar.
Coordinan: Adriana Gaspar y Maria Cillis
En YouTube busca el video de la Inauguración y la Entrevista para Generación Abierta (AM1010)





