Estoy aquí
“Estoy aquí”, es el enunciado que Chary Hilú, le otorgó a su muestra. Un montaje particular con materialidades que pueden ser habituales para una obra de arte contemporáneo, pero que en esta ocasión, esa materialidad es utilizada conceptualmente para potenciar el horror que la artista quiere transmitir. Chary, nos habla de cómo es vivir en la calle, la triste cotidianidad en nuestra Argentina.
¿Es la calle un lugar para vivir? Grita tras cartones.Estoy Aquí ¿Me ven?
Fue una tarde fría la que compartimos con la artista, en uno de los Encuentros de Amigas, escuchando la voz a veces trémula de Chary, mirando los ojos de Chary Un encuentro con muchas amigas que casi no dejamos hablar a Chary, porque la movilidad que su muestra nos produjo se expresa por sí misma, en una tarde a borbotones donde la angustia se escapaba con las palabras de las bocas de cada una. Metiéndonos en la piel del invisible, la visión del invisible acurrucado en el escalón de una entrada.
Su muestra es un retrato de lo que sucede en la sociedad en la que estamos inmersos. Los llamados invisibles, son los que sufren el frío, el hambre. Los que ya no pueden resistir más. Sus cuerpos paralizados habitan las calles de la ciudad y la adoptan como su hogar, reforzando así, el abandono y la desnudez del alma, de quienes residen en las veredas de Buenos Aires. Familias enteras intentan sobrevivir al frío, revolviendo la basura para poder comer y esto es solo un fragmento de lo que Chary narra en sus imágenes. Una narrativa desesperante, que nos duele y le duele, que los Visibiliza, son sus vecinos. Porque están allí, en el umbral de su casa, en la puerta de un local cercano de su barrio, en el banco de la plaza.Son los olvidados, esperando un plato de comida caliente o simplemente un trozo de pan. Familias enteras adoptaron la calle como vivienda, con el recuerdo, quizás, de esa casa que alguna vez tuvieron.
Cuerpos fantasmagóricos que deambulan a la deriva cubiertos de viejas mantas. Cuerpos por la ciudad pidiendo un gesto de complicidad “Aquí estoy”.
La artista, nos interpela, nos sacude. Cada espacio del Museo está habitado por la melancolía, la soledad y el abandono de esas camas hechas con grandes bolsas, las que están rodeadas de cajas de cartón. Y nos habla del cartón. Y nos habla del medio ambiente. Y nos habla de los invisibles ¿O habla de nosotras?
Mientras conversábamos bebíamos una taza de café caliente, nos fuimos de allí con mucho dolor, porque aquel día muchas personas carecían de un tazón de té, un caldo o algo que les quitara el frío intenso que padecían en sus cuerpos.
Chary,
no se detiene, nos pide a gritos que no naturalicemos esta situación. Nos
convoca a la reflexión, por eso su texto
termina con una pregunta ¿Es la calle un
lugar para vivir?